Nuestro Gobierno eclesiástico

Sistema Reformado

Creemos que no sólo la fe de la Iglesia sino también el gobierno de la iglesia debe ser regulado por las Sagradas Escrituras, expresando ésto por medio de una declaración de fe, una alianza de membresía y una constitución eclesiástica. Como tal, creemos que la Biblia enseña los siguientes principios esenciales;

  • La autonomía de la iglesia local;
  • La cooperación y el compromiso de iglesias sanas cuando se trata de ciertas causas y necesidades comunes;
  • La necesidad de definir la membresía, el liderazgo y la disciplina de la iglesia local;
  • El reconocimiento de los oficios bíblicos del ministro, anciano y diácono;
  • Y la distinción de que el gobierno de la iglesia local es llevado a cabo por el buen juicio del ministro y los ancianos, nómbrese consistorio local.

Para corroborar dichos puntos citamos la Confesión de fe La Rochelle de 1571, artículos 29-33 sobre la Iglesia y su organización:

29 Los Ministerios
En cuanto a la Iglesia Verdadera, creemos que ella debe estar gobernada según el orden establecido por nuestro Señor Jesucristo, a saber, que debe de haber pastores, ancianos y diáconos, a fin de que la pureza de la doctrina sea mantenida, que los vicios (o perversiones) sean corregidos y reprimidos, que los pobres y todos los afligidos sean socorridos en su necesidad, que los congregados lo sean en fidelidad al Nombre de Dios y que los adultos sean edificados e igualmente los infantes.

30 La paridad (igualdad) de los pastores e Iglesias
Creemos que todos los verdaderos pastores, en cualquier lugar que estén, tienen la misma autoridad y poder bajo un único Jefe, un solo Soberano y Obispo Universal: Jesucristo.

Por esta razón, es que nosotros creemos que ninguna Iglesia puede tener la pretensión de estar sobre ninguna otra, ni ninguna otra dominación o cualquier soberanía que no sea la suya.

31 Las vocaciones
Creemos que nadie puede pretender, bajo su propia autoridad, una carga eclesiástica, más que aquella que se debe hacer por elección, en tanto que sea posible y Dios lo permita.

Agregamos esta restricción, en particular porque ha sido frecuentemente necesario- ya en nuestros propios días puestos que no abunda Iglesia verdadera- que Dios suscita hombres de una forma extraordinaria para levantar de nuevo a la iglesia que está en la ruina y la desolación.

Mas, en cualquier caso, creemos que es necesario siempre conformarse a la regla de todos, pastores, ancianos (o supervisores) y diáconos, estén seguros de estar llamados por Dios a su carga (o vocación).

32 La unión entre las Iglesias
Creemos también que es bueno y útil que aquellos que son elegidos para ser superintendentes promuevan todos los medios apropiados que deban usar para dirigir y administrar todo el cuerpo de la Iglesia. A su vez, que no se desvíen en nada de aquello que el Señor Jesús Cristo nos tiene ordenado sobre este asunto.

Esto no impide el que haya reglamentos particulares a cada cuestión o lugar (sobre el uso del local de reunión), según cada ocasión lo requiera.

33 Leyes y reglamentos eclesiásticos
Sin embargo, rechazamos todas las invenciones humanas y todas las leyes que se quieran introducir o implementar bajo el pretexto de servir a Dios y por las cuales se pretende atar las conciencias. Aprobamos tan solo aquello que contribuya a establecer la concordia y lo que sea apropiado para mantenerla, y a mantener a cada uno- desde el primero al último- dentro de la obediencia a Dios.

Debemos pues seguir sobre este punto aquello que nuestro Señor ha declarado en cuanto a la excomunión, que aprobamos y confesamos ser necesario junto con todas sus consecuencias.

Todo esto está resumido en la siguiente constitución local: